¡Sarcasmo ruin de la suerte
para el alma dolorida,
no ver hermosa la vida,
sino al dintel de la muerte!
—¡Niño! á quien guarda el maternal cuidado,
pues que mi pecho tras la dicha va,
tal vez la dicha encontraré á tu lado,
LA MADRE.
—¡Llorando el niño entre mi seno está!
¡Id más allá!...
—¡Hermosas! solo en extranjera tierra,
prestadle dicha á quien tras ella va,
pues tantas dichas vuestro amor encierra.
LAS HERMOSAS.
—¡Triste del ser que idolatrando está!
¡Id más allá!
—¡Magnates! hoy vuestra piedad imploro;
loco mi pecho tras la dicha va;
si el oro da la dicha, prestadme oro.
LOS MAGNATES.
—¡Ved que amagándoos el puñal está!
¡Id más allá!
—¡Ancianos! presa de infernal batalla
mi pecho en pos de la ventura va;
¿ni al borde mismo de la tumba se halla?
LOS ANCIANOS.
—¡Ni al borde mismo de la tumba está!
¡Id más allá!